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Potaje religioso9 minutos

Autor: Pau Orihuela
Correctora: Laura De Buen Visús

Entre horóscopos, misas y energías: el potaje religioso actual

Cartas astrales, reencarnaciones, retiros espirituales, vidas pasadas, chakras, energías, horóscopos… y así una larga lista. Nos hemos habituado a que estas palabras estén presentes en nuestras vidas cotidianas; las escuchamos en conversaciones de amigos, las leemos en los libros y hasta las vemos en apps de citas como Tinder. Podríamos decir que están de moda, que son la última tendencia o que cada vez más personas se declaran abiertamente espirituales.

Pero ¿de dónde viene todo esto? ¿A qué se debe este auge místico-espiritual? ¿Cuál es la relación entre ese auge y el declive de la Iglesia católica? La idea de este artículo es esbozar algunas pinceladas sobre las posibles razones que se esconden detrás de todo esto. 

¡Ojo!, no busquen en mis palabras ni una crítica ni un juicio de valor sobre estas creencias; eso no me corresponde a mí, sino a cada cual en su intimidad. Lo que aquí se propone es un mero marco que nos ayude a entender mejor el panorama religioso actual.

La religión como institución social 

Vayamos por partes. Uno de los grandes problemas a la hora de analizar la situación actual de la escena religiosa ha sido —y es— la creencia errónea de que la religión está en declive; de que, en sociedades secularizadas como las nuestras, su destino final no es otro que su desaparición. La confusión radica en el uso mismo de la propia palabra «religión». Tendemos a asociar «religión» con una institución religiosa concreta; en nuestro caso, con la Iglesia católica. Pero lo cierto es que la religión, en términos sociológicos, va un poco más allá. 

En sociología, la religión es una institución social. Es decir, un sistema de convenciones sociales que genera, reproduce y transmite de manera duradera conductas, normas y valores. La familia, la escuela, el Estado o el trabajo son claros ejemplos de instituciones sociales. De alguna manera, son estructuras sociales que nos atraviesan y que se superponen a nosotros: todos hemos nacido en algún tipo de familia, todos hemos ido a la escuela, todos formamos parte del Estado español y todos —o casi todos— tenemos que trabajar para ganarnos la vida. 

En pocas palabras, lo que trato de decir es que incluso el más convencido de los ateos dispone de un conjunto de símbolos y creencias que dotan de sentido a su propia visión del mundo; y que eso es, en sentido amplio, lo que convierte a la religión en una institución social.

El proceso de desinstitucionalización religiosa: afinidad sobre pertenencia

Ahora bien, resulta que esas instituciones, desde ya algunas décadas, estructuran cada vez menos nuestras vidas. Cuidado, no porque hayan desaparecido, sino porque se han vuelto más flexibles, menos rígidas. Es lo que Dubet llama el declive de la institución o el proceso de desinstitucionalización. 

Más allá de los términos rimbombantes, esto conlleva una importante consecuencia. Y es que, desde estas instituciones, se ha producido un traspaso de responsabilidades hacia los individuos en tomas de decisiones y búsquedas de respuestas vitales.

Pero ¿cómo se traduce esta desinstitucionalización en el plano religioso? Pues, según la socióloga francesa Danièle Hervieux-Léger, en que las creencias religiosas y espirituales se han diversificado e individualizado

¿Y de qué manera se articula esta individualización religiosa en el interior de cada uno de nosotros? Según la socióloga inglesa Grace Davies, el vínculo de los creyentes con las instituciones tradicionales —y no tan tradicionales— es cada vez más laxo. Nos atrae o tenemos afinidad por una corriente religiosa, pero no pertenecemos a ella. Esto es porque ya nosotros mismos confeccionamos y damos forma a esa cosmovisión —o visión del mundo— de manera individual. 

¿Quiere todo esto decir que la religión está desapareciendo en Occidente? No exactamente. La respuesta sería, más bien, que está en plena transformación. Se dirige hacia un paradigma en el que las religiones tradicionales —como la Iglesia católica— han perdido su otrora hegemonía. Así pues, son ahora los propios individuos los que construyen por sí mismos sus relatos existenciales. 

Visto así, ya no sorprende tanto el acentuado descenso en el número de practicantes —que no de  creyentes— en los países tradicionalmente católicos de Europa Occidental, España inclusive

El origen de las creencias místico-espirituales actuales: el movimiento New Age y las religiones orientales

Con todo, que las creencias se individualicen no significa que se atomicen hasta el infinito, sino que el individuo crea su relato en función del stock disponible en el mercado espiritual. Dicho de otra manera, cada uno cocina su propio potaje religioso, pero lo hace con un número limitado de ingredientes que combina al gusto del consumidor.

Pues bien, resulta que ese potaje que hemos estado cocinando en las últimas décadas tiene mucho que ver con las creencias místico-espirituales que aparecieron en los años 70 del siglo XX con la explosión del movimiento New Age. Estos movimientos trajeron consigo muchas creencias e ideas propias de las religiones orientales. ¿A quién no le suenan las vidas pasadas, los chakras o las reencarnaciones?

La pregunta que se nos viene casi irremediablemente a la cabeza es por qué han calado tanto las ideas de esta corriente. La respuesta, según Hervieux-Léger, es porque este nuevo espiritualismo se adapta perfectamente a los valores individualistas de nuestras sociedades actuales. En ellas se nos exige que seamos autónomos y responsables de nosotros mismos. Frases del tipo «conócete a ti mismo», «encuentra tu camino», «sé tu mejor versión» o «el verdadero viaje está dentro de ti» están prácticamente por doquier e ilustran perfectamente esos valores.

En otras palabras, si el individuo ya no obtiene respuestas ni pautas establecidas por parte de las religiones tradicionales —en las que ya no confía debido a ese proceso de desinstitucionalización del que hablábamos antes—, lo único que le queda es su propia experiencia en el aquí y en el ahora. Y es en eso en lo que precisamente que se basan estas corrientes místico-espirituales: en la experiencia del presente, una experiencia que nos permite satisfacer la cultura de lo inmediato y la realización personal en la que estamos inmersos.

Las contrapartidas de la búsqueda identitaria y la individualización religiosa: la depresión y las sectas

Lógicamente, todo cambio social conlleva también unas consecuencias más o menos visibles en los individuos y sobre las que es necesario llamar la atención.

 Por un lado, esa búsqueda identitaria frenética en la que nos hemos sumergido en Occidente ha producido un aumento vertiginoso de los casos de depresión. Según el sociólogo francés Alain Ehrenberg, esa suerte de mantra de la realización personal ha acabado dando lugar a lo que él denomina «la fatiga de ser uno mismo» (la fatigue d’être soi). Es, en suma, una fatiga inherente a una sociedad donde la norma ya no es la culpabilidad o la disciplina, sino la responsabilidad y la iniciativa personal

Por otro lado, la individualización religiosa está detrás, según Hervieux-Léger, de la proliferación de las sectas. Ello se debe a que esta individualización puede llegar a producir la activación de pequeñas comunidades religiosas. Estas son capaces de dar ese sostén religioso-espiritual que el individuo ya no encuentra ni en las instituciones tradicionales, ni tampoco en ese potaje religioso que comentábamos antes. El coste psicológico y social de esa búsqueda identitaria puede, la mayoría de las veces sin ser nosotros conscientes, llevarnos por caminos en los que algunos aprovechan para llevar a cabo un nada camuflado abuso de poder y manipulación psicológica.

Apuntes Finales

Tratemos ahora de quedarnos con algunos puntos clave. Tal y como hemos visto, el proceso de desinstitucionalización empuja al individuo a cocinarse su propio potaje religioso combinando una lista ya predeterminada de ingredientes. A falta de una receta universal —como pudo haber sido el catolicismo hasta hace bien poco—, los individuos llevan a cabo un «yo me lo guiso, yo me lo como» religioso en toda regla. 

Sin embargo, esa lista de ingredientes no es tan variada como pudiera parecer en apariencia. Las instituciones religiosas tradicionales, en nuestro caso la Iglesia católica, y las corrientes místico-espirituales provenientes de los movimientos New Age siguen siendo los principales mercados a los que acudimos para elegir los ingredientes de nuestro potaje. 

Más allá de las metáforas culinarias, creo que es importante, para tratar de entender las consecuencias sociales de este proceso de desinstitucionalización, tener en cuenta una dimensión religiosa que ha sido constantemente denostada en estos análisis. 

Lo cierto es que su estudio puede arrojar luz sobre problemas sociales que, aunque no ocupen las portadas de los periódicos, pueden llegar a aparecer en nuestras vidas, como el caso de la proliferación de las sectas. 

A modo de apunte final, creo que es fundamental, en lo que se refiere a esta cuestión, que aboguemos mucho más por la reflexión en lugar de, como sucede muchas veces, recurrir a la ridiculización o incluso la burla hacia estas corrientes místico-espirituales. La premisa de que «no tiene ningún sentido que en pleno siglo XXI aún haya gente que crea en esas cosas» —y se lo dice alguien que no cree en ellas— sólo produce una mayor incomprensión ante un fenómeno que, seamos más o menos afines, es una realidad palpable y visible en nuestras sociedades. 

potaje religioso

Nota:

Si has llegado hasta aquí, te dejo un dato que puede que te saque una sonrisa. Resulta que, volviendo a ese potaje del que hemos hablado, a veces se dan situaciones algo cómicas: una encuesta del CIS francés citada por Hervieux-Léger demostraba que el 34% de los católicos de este país creían en la reencarnación. Todo bien, salvo que, según el propio obispo de Ourense, la reencarnación no está contemplada por el catolicismo. 


Bibliografía:

Davie, G. (2013). The Sociology of Religion: A critical agenda. Sage Publications: London

Dubet, F. (2002). Le déclin de l’institution. Seuil: Paris. 

Ehrenberg, A. (2000). La fatigue d’être soi. Dépression et société. Odile Jacob: Paris.

Hervieux-Léger, D. (2001). La religion en miettes ou la question des sectes. Calmann-Lévy: Paris.

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