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ARTÍCULOS Social y Política

Restableciendo conexiones3 minutos

Autora: Luisa Vázquez
Correctora: Laura De Buen Visús

¿Cuántos de nosotros estamos, estuvimos o estaremos trabajando de manera remota y por tiempo indefinido? Sin duda el 2020 llegó para demostrarnos, específicamente, que no se necesita una presencia fija de 9 horas en una oficina. El trabajo remoto incrementó considerablemente, y ahora los espacios en casa han cambiado; a decir verdad, probablemente sea para siempre.

Regida por arquitectos que, hasta la fecha, siguen siendo nombrados gracias a sus aportaciones, la arquitectura modernista fue consecuencia de cambios considerables a finales del siglo XIX debido a la pandemia provocada por la tuberculosis. Esta crisis vivida dictó el rumbo del diseño en los edificios, en los muebles y hasta en la manera de concebir los espacios, puesto que se buscaban pureza y limpieza. Se distinguían grandes ventanales, muros blancos, edificios elevados por pilotes para separarse tanto del suelo como de sus gérmenes y muebles que evitaran acumular el polvo y la suciedad.

Hoy en día, los habitantes buscan potencializar el espacio, solucionar sus necesidades y, sobre todo, mantener una convivencia sana. Así pues, en la vivienda se ha dado importancia a cada espacio, a la luz y a una buena ventilación. De este modo, se han priorizado los balcones, las terrazas y los patios, casi siendo considerados única alternativa de conexión con el exterior. 

Pero ¿y ahora qué sucederá con los edificios que se quedan en abandono parcial o total? Hablo de las oficinas que han decidido adoptar la modalidad remota permanentemente. ¿Qué pasará con los cientos de edificios en construcción que estaban destinados a ser espacios ejecutivos? Ahora que los empleados de las grandes empresas se han dado cuenta de que no es necesario estar viviendo en estas ingentes ciudades para trabajar, ¿qué les deparará a las vastas urbes?

Actualmente, las personas buscan espacios más abiertos, más cómodos y que inviten a la relajación y al buen aprovechamiento del tiempo y del espacio. De hecho, estos lugares no tienen que estar precisamente en las grandes zonas urbanas. 

En lo que a mí concierne, me intriga la idea de saber qué será de estos espacios. Probablemente, a estos espacios se les busque un nuevo uso y, por consiguiente, una nueva identidad. Al ser edificios en los que los muros interiores son escasos, causan una confrontación de pensamiento a la hora de adaptarlos de la manera a la que hemos estado acostumbrados. Es posible que se conviertan en nuevas viviendas, nuevos gimnasios individuales o incluso en talleres y estudios particulares. Se transformarán a medida que el usuario sienta de nuevo una conexión con el exterior y, así, se permita el desenvolvimiento de cada actividad. Puede que se integren jardines y patios interiores; quizás se incorporen terrazas equipadas con máquinas para ejercitarse o espacios dedicados a la lectura y el arte.

Tal vez, inconsciente o conscientemente, volvamos a los principios de la arquitectura modernista. Un regreso a la pureza, a la simpleza y, sobre todo, a la limpieza que el efecto post COVID-19 nos exige. Volveremos a los pensamientos básicos y simples de hacer una arquitectura más aunada a la mera necesidad de crear espacio y no tanto a la de delimitar. Volveremos a la conexión con el entorno, con la naturaleza y con quienes nos rodean.

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