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¿Y si habláramos el mismo idioma?4 minutos

Autora: Mariana I. Cabiya de León
Correctora: Gracia Vega

Alejandro nació llorando. Solo así, podía expresar que tenía hambre, sueño o un gas atorado. Mamá siempre hizo lo posible por descifrar lo que necesitaba. Era rara la vez que papá ayudaba. Le criaron como un niño. A los cinco años, Alejandro pidió un bebé mecánico de estos que te entrenan para la maternidad (o la paternidad).

Sin embargo, su abuelo, Pipo, le sorprendió con unos guantes de boxeo para soltar su enojo y una pista de carros para encontrar su pasatiempo favorito. 

Siete años después, al Abuelo Pipo le dio un infarto que se llevó su vida sin previo aviso. Nadie se lo esperaba, mucho menos Alejandro. 

En el funeral no faltaban las expresiones: «El se veía tan bien…», «Bendito, pobre nene, él estaba loco con su abuelo.»… 

Alejandro aguantó las lágrimas que aparecían cada vez que recibía el pésame. Temía que su papá viniera por detrás y le agarrara de la camiseta como cuando se enteró de que su abuelo había muerto. El impulso de Alejandro fue lanzarse a los brazos de su mamá y al mismo tiempo su papá le jamaqueaba con una mano y en la otra tenía los guantes de boxeo. —¡No seas maricón! Enciérrate y maneja esto como un hombre—.  Su madre no se atrevió a meterse, solo pudo hacer lo que su esposo decía que le quedaba mejor: llorar y callar. 

Maricón: 

SPG: persona débil interesada por su mismo género. El opuesto de un macho alfa o hembra sumisa.

CPG: palabra cargada de discrimen que se debe evitar para respetar.

Alejandro creció muchacho. Ya guiaba y sentía cosquillas en lo que le hizo nene y se llama pene. Sí, dije pene, una palabra que, para nada rima con vagina pero según sus padres es la única combinación que Alejandro imagina. Obviando así, las demás atracciones naturales que siente el ser humano. 

Penes y vaginas

SPG: sexos que dictan cómo debe comportarse una persona. Determina su rol en la sociedad y  automatiza que se debe atraer al sexo opuesto.

CPG: sexo biológico con el que cual nace una persona y que, en nada determina su rol, identidad u orientación sexual.

Pero que no cunda el pánico, que la maestra Padilla sí lo orientó sobre las diversas expresiones del amor, la identidad y el sexo. Siempre que podía, destacaba que las desigualdades entre la mujer y el hombre eran un constructo social y cada ser humano tiene el poder de cambiar la tradición. Para Alejandro, las palabras de Misis Padilla venían de un idioma desconocido, uno que sus padres nunca le enseñaron. Como el día que hablaron del consentimiento en la clase de salud. «Maestra, pero, yo pensaba que la mujer siempre tenía que complacer al hombre. ¿Por qué tiene que pedirle permiso para llevarla a la cama?». A lo cual la maestra le contestó: «Las mujeres no le deben nada al hombre, el tiempo, el sexo y la atención que le dediquen a él, debe ser decisión propia. Es más honesto, ¿no crees?» 

El idioma de Misis Padilla se hacía cada vez más familiar para Alejandro. Tanto que se atrevió a contarle que no sentía que su pene combinaba con sus ganas de llorar a su abuelo. 

Llorar:

SPG: Acción que denota debilidad y que las mujeres hacen mejor que los hombres. 

CPG: Liberar el alma.

Tampoco sabía qué hacer cuando su papá golpeaba a su mamá hasta que caía inconsciente en la cama. Misis Padilla le contestó señalando un cartel que estaba pegado a la pared del salón. Era una lista de organizaciones protectoras para la mujer. Al mismo tiempo, sonó el timbre y Alejandro sintió que sus piernas se movían solas, retumbaban gritos de su padre intercalados con el idioma de Misis Padilla. La podía escuchar diciendo:

«Eres una persona con un corazón antes que un hombre sin sentimientos, puedes llorar. Tienes un espacio seguro en mi salón, y tu mamá merece lo mismo en su hogar.»

Llegó a su casa, estaba su mamá cocinando con prisa. Alejandro apagó el fogón y dijo: «Mami, prepara una maleta. Vamos a liberar el alma». 

Aquel día, Alejandro y Misis Padilla, hablaron el mismo idioma. 

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