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El planeta que me dé la gana4 minutos

Autora: Mariana Cabiya de León
Correctora: Gracia Vega

Para La Paz: mirar sin el rabo del ojo.

Acto 1: Matías en una sala privada de la biblioteca universitaria.

Matías y su perro guía Woody entran a la sala de creación artística en la biblioteca. Michael, el conserje, se encuentra limpiando la sala de creación artística en la biblioteca. Matías entra con su perro, Woody.

Matías: (tocando la puerta). ¿Hola, la sala está disponible?
Michael: ¡Matías! (abre la puerta). Sabía que llegarías pronto. Ya te preparé un canvas y acomodé unas pinturas nuevas que llegaron.
Matías: Amigo mío, siempre me alegra escuchar tu voz.
Michael: Y a mi me alegra verte. ¿Qué harás hoy?
Matías: Buena pregunta… ¿Woody, qué tenemos para hoy? (Woody saca un libro del bulto de Matías). Ah, verdad Arte Modernista II… La clase del profesor que nos mira a todes con el
rabo del ojo… Bueno, eso me han dicho.
Michael: Ah, ¿profesor Borbón cierto?
Matías: Ese mismo… Nos pidió que pintáramos un paisaje inspirado en el país de nuestros sueños.
Michael: Jmmm… ¡Italia!
Matías: No… todo el mundo elegirá Italia.
Michael: Francia.
Matías: Muy común.
Michael: Alaska.
Matías: Muy frío.
Michael: Okay, ¿hay algún país que te inspire?
Matías: No… Para eso tendría que desaparecer el Planeta Tierra e inventarme uno nuevo. Pero el profesor dijo… (Michael interrumpe).
Michael: ¿Qué importa lo que el profesor diga? Eres estudiante de Artes en el siglo XXI, si te discute, le recuerdas que ya existe la libertad de expresión.
Matías: (riéndose). Tienes razón. ¿Tú estudiaste artes visuales también?
Michael: No, pero la libertad de expresión me ha salvado en varias metidas de pata. Bueno, ya, se acabó el chistecito. ¡A pintar, Matías! (Michael agarra su pañuelo y escoba. Sale, cierra la puerta y queda Matías solo).

Acto 2: Matías inspirado

Matías: Libertad de expresión en Arte moderno… Se supone que puedo inventarme el país que me dé la gana… ¿Verdad, Woody?
Woody: (a punto de quedarse dormido). Woof…

Matías pinta inspirado, y desde ahora, solo leeremos lo que su mente maquina.

Profesor Borbón: ¿Qué es esta porquería, Matías? En mi vida había visto un país parecido a este y mira que he visitado todo el mundo.
Matías: Es nuevo, profesor.
Profesor Borbón: ¿Ah sí? ¿Quién lo descubrió?
Matías: Nadie… Es solamente uno de los países que existen en el planeta Equiranio. Nadie los descubre, ellos existen y ya.
Profesor Borbón: Graciosito… Esas no fueron las instrucciones.
Matías: ¿Por qué no?
Profesor Borbón: Porque la vida no es como uno quiere.
Matías: Profesor pero… yo no busco nada complicado. Solo busco la paz entre cada ser humano.
Profe: (riéndose a carcajadas.) Matías… ¡Cuánta inocencia…! En el mundo siempre habrá odio, guerras, homofobia, racismo, hambre…
Matías: Pero, profesor,… en Equiranio no existen esos males. Profe: Cuéntame más…
Matías: Allí, nunca se creó el monstruo culpable de todas las guerras.
Profe: ¿El dinero?
Matías: No, ese es el hijo del monstruo.
Profe: ¿Y quién es el padre?
Matías: El poder… Digamos que el poder no existe. Nadie se considera superior a nadie… ¿Qué pasaría, profesor?
Profesor Borbón: Todos y todas seríamos iguales.
Matías: ¿Incluyendo a los animales, profesor?
Profesor Borbón: Pues… sí.
Matías: Muy bien, profe, ha pasado la prueba de fuego. Puede entrar a mi planeta.
Profesor Borbón: Ah, que bien… ¿Cómo llego ahí? (buscando cómo bajar de su trono).
Matías: Tiene que bajar de su trono. En mi planeta, todas las sillas son del mismo tamaño.
Profesor Borbón: Ehh… (saca una pierna y tambalea.) Woooow, no, no… esto es muy peligroso… ¿Hay otra manera de entrar?
Matías: Pida ayuda.
Profesor Borbón: ¿Qué?
Matías: Que pida ayuda, profesor.
Profesor Borbón: ¿A quién?
Matías: Más bien, ¿a qué le vas a pedir ayuda?
Profesor Borbón: Cuánto tecnicismo hay en tu planeta, Matías.
Matías: En Equiranio, los animales ayudan a los humanos y viceversa. Estoy seguro de que te bajarán del trono. Mire hacia abajo y elija a uno.

Profesor Borbón adolorido y pasando mucho trabajo, inclina su cuello lentamente y ve una mariposa, un perro y una cabra.

Profesor Borbón: Elijo al perro.

La cabra se queda quieta.

Profesor Borbón: No se mueve, Matías.
Matías: Que todes somos iguales profesor… El perro tiene nombre. Se llama Woody.
Profesor Borbón: Ah, ehh, Woody, me das una mano.. digo, ¿me das una pata?
Woody: ¡Woof! (Woody da un salto a lo alto hasta llegar al profesor, lo agarra y ambos caen al suelo. Todos los animales celebran su llegada.)
Matías: Bienvenido a Equiranio, profesor, cada animal y persona
que antes mirabas con el rabo del ojo se convierte en tu mejor amigue.

Profesor Borbón mira a Matías a los ojos y le pone un 100 en la parte inferior del canvas.

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