Categorías
ARTÍCULOS Relatos

Migo con Migo3 minutos

Autora: Adriana Gabriel Hernández Mercado
Correctora: Gracia Vega

El sol sale y se esconde, la luna aparece y aunque brilla mejor que todas las noches, Migo no está conforme con lo que el espejo refleja cada vez que se mira en él. Todos los días evita mirar a la “pared cristalina”, pues detesta lo que ve aunque cambien los días. El reflejo le recuerda cada comentario alguna vez dirigido hacia su cuerpo, le recuerda al sistema binario y heteronormalizado que recalca la idea de que los seres humanos se dividen exclusiva y únicamente en dos géneros: hombre y mujer. A Migo no le cabía en la cabeza esa tonta idea de que personas externas determinen a qué “género” pertenecen basado en lo que tengan entre las piernas. Siempre se hacía preguntas como estas y terminaba por cuestionar su existencia.

Migo no se sentía identificade con lo que miraba al espejo, así que comenzó a imaginar y buscar maneras para encajar dentro de los parámetros dictados por la sociedad, entidades de poder y opositores a la libertad del cuerpo y pensamiento. El proceso fue largo y un día, al fin, pudo llegar a una conclusión. Esta conclusión era nueva, pues no estaba guiada por ningún ente externo: era Migo con Migo y su cerebro. 

— Migo, con Migo

— Migo, con Migo

Esta vez llegó a su propia conclusión. Muchas veces Migo se identificaba como mujer, otras tantas, se identificaba como hombre. Incluso, en múltiples ocasiones no se sentía como ninguno. Para saciar el hambre que cargaba consigo de experimentar y conocer, se dio cuenta de una cosa. Una sola cosa, pequeñita y sencilla… Migo descubrió que podía ser su propia persona sin intentar encajar bajo ningún renglón. Migo desarrolló sus pensamientos y descubrió que todo el tiempo que estuvo confundide, no era elle quien estaba “mal”. No era elle, no lo era. 

No era elle, era el sistema. 

No era elle, era la construcción social y cultural.

No era elle, era el fanatismo a la religión. 

No era elle, nunca fue elle.

No era su culpa, no lo es y tampoco lo será.

Migo descubrió que existían otras alternativas y mundos a explorar fuera del binarismo inculcado. Migo dejó de mirarse tanto al espejo buscando encajar con su ropa, su postura y gestos; al contrario, se miraba con admiración. Migo, por fin, habló con elle misme y se entendió. Migo se identifica como una persona no binaria y de género fluido. Se identifica a veces como hombre, a veces como mujer, a veces como ninguno, a veces prefiere la neutralidad. Migo llegó a su propia felicidad porque se conoció. Migo habló con Migo y se dio el espacio y tiempo de sanar, de abrir su mente, de actuar por su propio ser y no por otres. Sé todo esto porque Migo soy yo. Con el tiempo y las conversaciones con misme asimilé una cosa: me pertenezco a mí y no a la alborotada idea del género asignado al nacer. 

Me pertenezco a mí, me pertenezco a mí, me pertenezco a mí, me pertenezco a mí, a mí, a mí, a mí.

Gracias, Migo.

Deja un comentario