Categorías
ARTÍCULOS Relatos

«Recordis», volver a pasar por el corazón2 minutos

Autor: Adán Nada

Los recuerdos, antes de ser recuerdos, son burbujas, sutiles y efímeras. Las ves flotando y, aunque se alejan, están presentes: las puedes ver, sentir, tan cerca que intentas tocarlas y explotan. Y puede que asustado quieras agarrar esas pompas de jabón, evitar que desaparezcan, pero ya no te acuerdas apenas de nada e intentas reconstruir la memoria con un poco de agua y jabón, mezclada con la tierra del suelo, intentando capturar el momento con los restos del ahora.

Una vez formados, los recuerdos son espejos, y en ellos contemplamos nuestro rostro como quien contempla un cuadro o una película, y acabamos perdidos en un laberinto de espejos que reflejan algo que ya no es… ¿Hay una lágrima en el reflejo o una gota de lluvia en el cristal?

Con el tiempo, los recuerdos son espejismos: cambian, mutan, siempre impredecibles. Cada vez que los recuerdas son ligeramente diferentes, hasta cambiar casi por completo. El mismo lugar y tiempo pueden generar tantos recuerdos como recordadores hay, pero son solo espejismos, cada vez más lejos de lo que fueron, cada vez más difuminados por el presente.

Hay recuerdos que nos dejan marca, recuerdos chincheta en un tablón: la puedes sacar, pero siempre deja marca: una huella en el cemento fresco, una mano en la pintura húmeda, un agujero en el corazón. Cicatrices que nos hicieron trizas pero que ahora forman parte de nuestra carne y de nuestra belleza única.

Hay recuerdos de ph neutro, asépticos, como el agua: sin sabor ni color. Hay memorias como una flor, y los deleitamos con su aroma una y otra vez hasta convertir la nostalgia en una adicción. Y hay adicciones que duelen mientras con sus recuerdos nos hacen más y más adictos: tan solo queremos volver a experimentar ese subidón. Pero nunca será como la primera vez, y al final nos sumergimos en un pozo de experiencias de segunda mano que buscan repetir algo que ya no es ni será.

Y hay memorias que nos pinchan las burbujas del ahora y que nos desangran y dejan marcas que vemos cada día en espejos y espejismos hasta nublar nuestra visión. Y ahora busco, tumbado y con los ojos cerrados, respirando y sintiendo el peso de mi cuerpo sobre la tierra, qué es esta extraña cosa que llamo «yo» y que está perdida entre tantos recuerdos.

Relato e ilustración de Adán Nada.

Deja un comentario