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El ladrón de minutos

Autor: Adán Nada
Correctora: Gracia Vega

¿Cómo demonios lo hacen? Yo cada veo más complicado esto de sentir que el día ha sido productivo. Mientras desayuno le echo un vistazo a los mensajes y a las notificaciones por si acaso haya ocurrido algo importante y para organizarme el día.

Así, nada más amanecer, ya estoy pensando en lo que me ha pedido el compi del curro y lo que queda pendiente por mandarle al jefe. Ya en el trabajo, le estoy dando vueltas arriba y abajo a nuestra conversación, mientras pienso cómo responderte. En el descanso, aprovecho para mirar lo último que ha subido la gente a la que sigo y así me despisto aunque sea un ratito. A veces viene bien, pues al estar pensando en otra cosa ya se me ocurre qué contestarte.

Pero justo cuando voy a hacerlo me está llamando mi hermano para recordarme lo del sábado y asegurarse de que no falte nada. Así que salgo del trabajo directo a comprar lo que falta, de camino al coche le envío un audio a mi amigo para decirle que al final hoy no va a poder ser, y mientras conduzco llamo a mi amiga para que me cuente lo último que le ha pasado, que sé que últimamente ha estado mal. Se alarga la llamada y sigo hablando mientras compro y cuando me quiero dar cuenta, falta media hora para nuestra cita.

Voy rápido al coche y me despido del amigo, cuando recibo un correo para una oferta de trabajo. Aprovecho el camino para ir pensando cómo responder y, cuando llego, veo tu rostro lleno de decepción, probablemente porque nunca llegué a contestarte. Intento reorganizar mi mente para encontrar las palabras, pero veo que ya es tarde, porque finges quitarle importancia y te pasas la mitad de la cena mirando el móvil, y te despides solo con un adiós. Y así, llego a casa, y me pregunto que a dónde se fue a parar el día.

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