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Reseña de «Secretos de un matrimonio»7 minutos

Autor: Nem0 Sicilia
Correctora: Laura De Buen Visús

Cómo la miniserie Secretos de un matrimonio nos enseña a convivir con el desamor.

El café solo me sabe amargo. Probé a cambiar de marca, de cafetera y de taza; le puse azúcar, canela y hielo, pero sigue sabiendo amargo. Siempre que lo hacías tú se quemaba, se aguaba y me gritabas mientras lo servías, pero aún sabía dulce. Ahora no estás y todo tiene un toque amargo.

Sobre el director

En 1973, Ingmar Bergman era de los directores extranjeros más prestigiados en el cine internacional, habiéndose labrado una carrera desde ayudante de dirección hasta despuntar en los Óscar con clásicos como Fresas salvajes (1957), El manantial de la doncella (1959) o Como en un espejo (1961). Su cine es característico por el uso de un simbolismo autorreferencial, obligando al espectador a reflexionar e inducir conclusiones o ideas sobre la soledad, el amor o la redención, temas recurrentes en su carrera. También es habitual en él el uso del primer plano para ahondar en la psicología de sus personajes, tanto la consciente como la inconsciente. Continuando con ese estudio del individuo, empezó a trabajar en Secretos de un matrimonio, una miniserie publicada en 1973 (cuya traducción más literal y, en mi opinión, más adecuada al formato sería Escenas de matrimonio).

De este modo, dio el salto del cine a la televisión. Lamentablemente, al emitirse en la televisión sueca gran parte del público potencial no tuvo acceso a ella. Quedó como una obra de culto hasta que, en julio de 2020, HBO dio luz verde al proyecto de adaptarla. Los responsables del proyecto serían Hagai Levi, director novel que participó en The Affair (2014-2019) y en En terapia (2008-2021), pero que no tenía largo recorrido; Oscar Isaac, mundialmente conocido por su papel en la última trilogía de La Guerra de Las Galaxias, pero destacado por otros trabajos como A propósito de Llewyn Davis (2013) o Ex_Machina (2014); y Jessica Chastain, reconocida por su papel en Interstellar (2014) junto a Daniel Bergman —hijo de Ingmar Bergman—, o en El árbol de la vida (2011), entre otros proyectos.

secretos de un matrimonio 2021 HBO

Secretos de un matrimonio

Reseña

Ya desde el primer capítulo se marca el estilo de la serie. Este es similar al de películas como 12 hombres sin piedad (1957), The Man from Earth (2007) o Un Dios salvaje (2011), en las que el peso de la acción recae en la actuación y en cómo se mueven los personajes, con el acompañamiento de un montaje y una fotografía sobrios pero funcionales y cuidados. Solo tenemos que fijarnos en los créditos finales para darnos cuenta de que hay un sentido estético concreto.

Es importante esta diferenciación porque los créditos iniciales de Secretos de un matrimonio siguen otra línea, en este caso un formato extradiegético. Consiste en un plano secuencia que seguirá a Oscar o Jessica, dependiendo del capítulo, por el set de rodaje momentos antes de comenzar la grabación. Así, se deja claro el pacto de subversión de la incredulidad antes de empezar, recordándonos que lo que veamos no es real, aunque lo que vayamos a sentir sí lo sea.

Síntesis

El comienzo se divide en tres bloques diferenciados:

Primero, la entrevista con la psicóloga, que presentará a sus protagonistas, Mira y Jonathan, y sus dinámicas internas. Cada pregunta formulada al aire por la psicóloga es respondida por Jonathan; él expone sus teorías e ideas sobre el matrimonio y las relaciones de pareja. De esta manera, demuestra una profunda inteligencia emocional y un amplio conocimiento sobre las nuevas visiones sobre el género, representadas por la psicóloga. También parece estar acostumbrado al choque cultural y generacional entre la generación X y la generación milénial.

En este aspecto ya encontramos un primer elemento disruptivo con los estereotipos de género: Mira gana más dinero que Jonathan. Tiene un alto cargo en una empresa tecnológica puntera, por lo que ni pasa mucho tiempo en casa ni puede dedicarse a su hija. Es más, cuando la psicóloga les pide que se definan, la última palabra que Mira utiliza para definirse es «madre». Por otro lado, la primera palabra que Jonathan usa es «judío». Cuenta que tuvo una educación ortodoxa con férreos valores cristianos, y que al conocer a Mira abandonó su kipá negra y su camisa blanca. Por contraste, curiosamente, él es quien más dedica tiempo a los cuidados de su hija. Podría parecer una simple subversión de los roles de género, pero el hecho de que Mira se vea sobrepasada por el discurso tan marcado de Jonathan nos hace sospechar que su relación no es tan sencilla. 

La última pregunta formulada por la psicóloga es sobre el éxito de su matrimonio. Jonathan responde que primero habría que definir qué entendemos por «éxito», ya que es un término sobreutilizado; tanto que ha perdido su significado. Aun así, ellos sí se adhieren a la definición histórica de «éxito»: matrimonio heterosexual blanco con doce años a sus espaldas, una hija de cinco años y un chalé en propiedad.

Esta idea se verá reforzada en el segundo bloque, cuando se reúnen con un matrimonio amigo. Este está compuesto por un hombre blanco y una mujer negra: Peter y Kate. También llevan años casados y tienen hijos que cuidar. Sin embargo, al contrario que nuestros protagonistas, actúan de cara a la galería ya que hace años que abrieron la relación. Ya no se hablan con cariño, sino que se reprochan las aventuras que ellos mismos consintieron. En definitiva, solo siguen juntos por las complicaciones que les causaría el divorcio.

La relación de Peter y Kate sirve como contrapunto para Mira y Jonathan. Aparentemente, ellos sí se comunican horizontalmente, son fieles el uno al otro y critican el poliamor en base a la experiencia fallida de sus amigos. Pero no hay jardín sin manzano, y el epílogo planteará y resolverá uno de los dilemas más grandes que puede haber en una relación: Mira está embarazada.

Discuten el asunto, y Jonathan se manifiesta muy ilusionado con el tema; lo percibe como una «obra de Dios». Pero Mira, por el contrario, le comunica sus dudas y lo vulnerable que se siente respecto a un futuro con más hijos. Recuerda cómo fue criar a Ava, su primera hija. En ese momento, se disculpa y se muestra arrepentida por su comportamiento, lo cual choca con la idea de que sea una víctima de maltrato, como cuenta en la entrevista.

Finalmente, decididos a superar los miedos planteados, comienzan una reforma del hogar para hacer sitio para el bebé. La canción Still Alive de Portal ilustra unos planos interiores de la casa. Repentinamente, se muestra a Jonathan entrando a una sala blanca donde le van a practicar un aborto a Mira. La doctora y Jonathan hablan, apoyando a Mira. Ella se mantiene distanciada, pasiva, fría y recogida sobre sí misma. Pero cuando se queda completamente sola rompe a llorar, revelándonos todo lo que reprime con un plano que se va alejando poco a poco para sembrar las semillas de la duda. ¿Acaso el matrimonio perfecto y exitoso está formado por un hombre demasiado seguro de sí mismo y una mujer anulada? Empiezan los créditos, que suceden una serie de planos del exterior de la casa superpuestos con la canción The House on a Stage, de Evgueni Galperine y Sacha Galperine.

Las cuatro escenas consecutivas narrarán cómo evoluciona la relación entre Jonathan y Mira, con encuentros que tendrán a lo largo de cuatro años. Con unas actuaciones desbordantes y un guion detalladísimo, Secretos de un matrimonio consigue mostrarte las actitudes más escondidas de tu identidad para que las abraces, sabiendo que todas las plantas necesitan agua antes de florecer.

Resolución

Es debido a todas las veces que esta historia me puso los pelos de punta recordando parejas, lugares y acciones que quise estrenarme en esta revista recomendándola. Si os interesa el teatro o el medio audiovisual, haceos un favor y vedla.


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