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Manantial

Autora: María Megías
Correctora: Gracia Vega

Establezco un tema y comienzo a escribir. Esta vez el tema me viene dado: espacio íntimo. Escribir y lo íntimo. La escritura y la intimidad. Me vienen a la cabeza Chantal y Marguerite, claro. Era inevitable.

«También se puede no escribir, olvidar a una mosca. Solo mirarla. Ver cómo se debatía a su vez, de un modo terrible y contabilizado en un cielo desconocido y de nada. Ya está, eso es todo».

Escribir, Marguerite Duras

En efecto, esto me viene a la cabeza. La intimidad y una mosca. La escritura y la inutilidad inevitable de la escritura. De mi escritura. Comparable a la estúpida e inevitable sensación de soledad. Mi soledad, por supuesto. La intimidad que anhelo y que solo me da la escritura, pero que siento vacía, desgastada, en apatía. ¿Qué sentido tiene? ¿Debo yo que puedo, escribir en nombre de todas aquellas que no pueden? ¿Puedo ser yo la que se otorgue esa prerrogativa? ¿Puedo no hacerlo?

«Escribir
inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial».

Escribir, Chantal Maillard

Exacto, para hacer de la inutilidad un manantial, para encontrarle sentido, no para buscarlo. Para hacer preguntas y más preguntas y no necesitar respuestas. Para encontrar el manantial y la fuente; las olas y las mareas en la soledad. Bucear en la soledad en estrecha intimidad con una misma. No necesitar, aunque solo a ratos, y necesitar mucho, otros cuantos. Emparedar momentos a trazos y en absoluto silencio y salir más limpia y descansada. Atravesar las palabras como Chantal, como Marguerite, como todas aquellas, todos aquellos que no pueden. Desahogar. Permitir que el mundo sea, un rato más. Que no termine de ser.

2 respuestas a «Manantial»

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