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Lo bello del caos y el caos de la belleza2 minutos

Autora: Bear Blanca
Correctora: Laura De Buen Visús

Hoy ha aparecido en el archivo de mis historias uno de nuestros vídeos.

Sonaba Fulvio; la última vez que le escuché cantar en aquella okupa formaba dueto con Yaiza. Aún no habían pasado de la paz a la guerra mientras, nosotros, ya nos encontrábamos escarbando entre las cenizas de todo lo que hicimos arder y buscando resquicios de amor que rechazábamos en cuanto nos dábamos cuenta.

Me he parado en seco en medio de una calle a oscuras que tiene más encanto a treinta grados. Tenía que sonar una de esas canciones pop italianas que me recuerdan a ti, tenía que salir tu cara en mi móvil chupándome la mejilla en un recuerdo físico de hace años.

De todas las historias de guerrillas que nos montamos y los destrozos que ocasionamos… me quedo con lo efímero del beso y la caricia. Esa caricia de todos los silencios molestos que me obligabas a ejercer.

De los paseos por la Vall de Bronx y las guías turísticas del grafiti de camino a algún evento en algún CSO, o incluso de camino a Maragall a poner alguna lavadora… me quedo con las vistas de la ciutat podrida que tanto y a veces tan poco me gusta.

De todas las peleas contra el mundo y contra todos, cuando nos creíamos futuros supervivientes del Nuevo Orden y de la bionización de lo que habitaba fuera de Los Pinos,
del equipo,
de la familia;
cuando aprendimos a vivir más en la autogestión que en un puto camping de postal;
de las peleas
y de los gritos;
y de aquella vez contra el horno en la que lloré por ti y aquellas otras en las que me reí contigo…
me quedo con la segunda.

De esa vez en la que, en el final del primer beso, te grité de lejos que cuidar a tus amigos es punk
y tú gritaste que yo sí que era punk…
me quedo con que te quiero desde entonces.

Y me dejé hacer pequeña con cariño, y luego me dejé odiar. Y aquí estoy yo,
jodiéndome y escuchando The Strokes,
mirando el palacio que me he construido y que demuestra gritando que ya no soy pequeñita
mientras te pienso y me ahuyento;
me revuelvo y me retuerzo, y la cama que ocupa casi todo el cuarto se me hace pequeña
porque yo ya no lo soy.

Y aquí estoy yo, confesando con qué historias me quedo de todas mientras me quedo a medias porque no puedo con tanto café y recuerdo.

Supongo que lo mejor será dejarlo y dejar que otro siga con el cuento.

historias de amor, belleza y caos

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