Categorías
Nuestros Poemas

A mis ojos en tu balcón1 minuto

Autor: Ana Apausa
Corrector: M.E.F.P

La inspiración es tener dentro arena en lugar de hierro.


Menú
Las yemas de mis dedos te dibujan la cara
Cierro los ojos y veo las yemas de mis dedos sobre tu piel de arena tostada

Estás moreno todavía –te digo en un murmull

Aquí brilla el sol todavía y siempre –me contestas, y me miras despacio

Cierro los ojos y las yemas de mis dedos te dibujan la cara en mi memoria

Como sobrecogido por una intimidad inesperada y espontánea los abres


Como dice Aleixandre no quiero que vivas en mí como vive la luz, a quien el amor se le niega a través del espacio que separa y no une

Hay un poder envolvente en la vulnerabilidad, arrasador, un acto de amor al cosmos

Pero nos cuesta caminar en cuerdas finas de Luna y oro porque hay niebla en la carpa y el teatro está lleno

Y en la primera fila solo tú mismo, solo yo misma

Sola cada una en su cabeza

Cierro los ojos y las yemas de mis dedos te acarician el pelo de sol, agua y ceniza

Y me miro a mí en vez de mirarte

Mis pies pisan la tierra ¿estoy donde debo estar? me respondo que sí, estoy hoy donde quiero estar

Perdiendo mis manos en tus pezones oscuros, en tu melena fina, en tu sexo duro

Mi cabeza hacia atrás, el mar ha entrado por las ventanas

Se ha colado en silencio por debajo de los cristales y nos ha empapado la cama

Ana, me digo, la vulnerabilidad no está aquí, pero si viene y huele a mar, la abrazamos juntas si quieres

Y volvemos a inundar las sábanas y a crear olas rítmicas

Cierro los ojos y las yemas de mis dedos se acercan a mis labios y saben a sal, a tus ojos de fuego, a miel y a juventud

No quiero, luz, que vivas en mí

Quiero que me atravieses despacio y que nos brilles en la piel

En su piel morena y en su pelo rubio de niño de verano

Que estallen las olas del mar en sus poros y la luz le atraviese a él también

Que no bajemos del aire ni recojamos el agua sagrada del Mediterráneo en jarros fríos de barro, que no ofendamos al sol con ropa de más

Ni persianas de más, ni alegría de menos

Que te bañes en mí siempre que quieras si le regalas el mar

A mi cuerpo en tus manos

Y a mis ojos en tu balcón

Deja un comentario