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ARTÍCULOS Social y Política

Reseña de «Educar en el asombro»6 minutos

Autor: Adán Nada
Correctora: Laura De Buen Visús

El asombro es el deseo para el conocimiento.

Tomás de Aquino.

Sobre la autora

Catherine L’Ecuyer es una canadiense afincada en Barcelona, investigadora y autora de varios libros y artículos sobre educación. Miembro honorífico del capítulo español de la Asociación Montessori Internacional, también es madre de cuatro hijos. Con su libro Educar en el asombro quiere responder a la pregunta: ¿cómo educar en un mundo frenético e hiperexigente?

Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro.

Milan Kundera.

Educar en el asombro

Sinopsis

La cita sobre estas líneas aparece en «Educar en el asombro». En él, Catherine afirma que el futuro de la humanidad se ve claramente reflejado en el estado de niñas y niños. Reflexiona sobre su estado en este momento, incidiendo sobre todo en los peligros de la sobreestimulación a la que se ven expuestos los jóvenes desde niños, y muestra los efectos perjudiciales que esta tiene a lo largo de su educación.

En primer lugar, esta sobreestimulación «sustituye al motor del niño y anula su capacidad de asombro, de creatividad, de imaginación». Esto le lleva a desarrollar una apatía que solo consigue apagar «con niveles de estímulos más altos¹», hasta el punto de que «se vuelve hiperactivo, nervioso, no está a gusto consigo mismo y quiere llamar la atención de los adultos violando las normas». Finalmente, se convierte en «un adolescente que lo ha visto y lo ha tenido todo. Está pasado de vueltas, saturado, tiene el deseo bloqueado». Llegados a ese momento, muchos estarán llenos de apatía y ansiedad, mientras que otros «buscarán su “entretenimiento” en otro tipo de actividad: actos de vandalismo, violencia escolar, botellones, drogas, etc., utilizando a las personas que involucran en estas actividades como un medio para “divertirse”».

«Televisión, videoconsolas, un sinfín de actividades extraescolares, menos horas de sueño, una escolarización más temprana, juguetes que hablan, etc. Como bien decía Montessori: cuando el niño reacciona aislándose, ignorando a sus padres, se apalanca, se desanima, es caprichoso o muestra cualquier otro tipo de comportamiento inesperado por parte del padre, pocas veces el adulto llega a la conclusión de que este comportamiento es un grito y una protesta de la naturaleza al padre que ha impuesto al niño algo que va en contra de su dignidad o le ha privado de algo imprescindible para su desarrollo».

nota

¹ Sobre estos estímulos, la autora aclara que «la industria de la telecomunicación y los medios de comunicación le proporcionan la estimulación que necesita, con contenidos cada vez más agresivos, espantosos y rápidos. Desde las imágenes de linchamientos y de guerras sangrientas en las noticias hasta las historias violentas y de horrores llenas de sangre y de vampiros en los libros y en las pantallas de todo tipo».

Reseña

Como recoge L’Ecuyer: ¿no resulta curioso que altos directivos de empresas tecnológicas multinacionales de Silicon Valley manden «a sus hijos a un colegio de élite que hace bandera de no utilizar tecnología en sus aulas»? El diagnóstico es claro: debemos recuperar la capacidad de asombro de la infancia. En palabras de Chesterton, «en cada niño, todas las cosas del mundo son hechas de nuevo y el universo se pone de nuevo a prueba». Y, para ello, debemos empezar respetando los ritmos naturales de la infancia. Alimentar su propia autonomía, sin forzar, mediante hitos impuestos por la sociedad y por la “normalidad”. Para que, así, los infantes se descubran a sí mismos y al mundo gracias a su propia curiosidad. Que exploren mediante el juego libre y creativo, a su propio ritmo.

«Esta capacidad de asombro del niño es lo que le lleva a descubrir el mundo. Es la motivación interna del niño, su estimulación temprana natural. Las cosas pequeñas mueven al niño a aprender, a satisfacer su curiosidad, a ser autónomo para entender los mecanismos naturales de los objetos que le rodean, a través de su experiencia con lo cotidiano, motu proprio. Tan solo tenemos que acompañar al niño proporcionándole un entorno favorable para el descubrimiento».

L’Ecuyer nos invita a alimentar las semillas naturalmente presentes en niñas y niños: la de la ciencia y la de la bondad. El niño se asombra ante el misterio del universo. No tener respuestas lógicas que expliquen todas sus preguntas alimenta su curiosidad. Por otro lado, la autora defiende que niñas y niños tienden siempre a la belleza y la bondad; que el cariño y el agradecimiento muestran la belleza de las interacciones humanas. Si los adultos que le rodean actúan de forma bondadosa, ellos también tenderán de forma natural a esa belleza humana. 

Síntesis del modelo de educación en el asombro

«La educación es un viaje desde el interior de la persona hacia el exterior de su entorno; aventura maravillosa en la que los docentes tienen el rol de meros facilitadores. En lugar de inculcar sus conocimientos y teorías, de adoctrinar, deben ser estímulos potentes del motor interior de los niños. Inherente a ellos es observar, preguntar, escuchar, probar, decidir, hacer, actuar, errar, aprender, repetir, corregir, levantarse… los pasos y fases que en nuestras primeras correrías dábamos con naturalidad y confianza».

En el libro, L’Ecuyer recalca la diferenciación entre motivación extrínseca e intrínseca. No debemos aleccionar o mandar al niño. Debemos acompañarle y alimentar su propia energía, esencia, autonomía y motivación. Entender que lo natural es que el movimiento surja desde dentro, no desde fuera. 

«El niño original es un niño que está acostumbrado a iniciar su proceso educativo desde dentro. Es curioso, descubridor, inventor, capaz de dudar sin desconcertarse, de formular hipótesis y de comprobar su validez mediante la observación. Observará con calma las plantas, las flores, los caracoles y las mariposas. Acercará un papel a las pinzas de las tijeretas para ver si el insecto se hace con él. Jugará con su sombra, se preguntará por qué la imagen que proyecta en el espejo le imita siempre, se preguntará cómo puede ser que Mary Poppins haya subido por la chimenea, desafiando la ley de la gravedad. En la playa empezará a inventarse tesoros por excavar, y en el bosque imaginará las cabañas que pueden construir en un árbol.

Todas estas preguntas y estas aventuras que parten del asombro de nuestros pequeños filósofos, si encuentran el entorno fértil necesario para una educación en el asombro, son el preámbulo de una reflexión todavía más profunda sobre los misterios y las leyes de nuestro mundo».

Conclusión

En definitiva, la autora recomienda educar con menos tecnología y educar con más naturaleza y relaciones humanas de calidad. De este modo, se recupera la capacidad de asombro que tan necesaria es para un desarrollo pleno del que será nuestro futuro. 

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