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Breve confesión de un escritor no breve5 minutos

Autor/a: M.E.F.P.
Correctora: Laura De Buen Visús

¿Escribir algo breve que se pueda leer en un día, o una larga historia que nos tenga ocupados semanas como poco?

Cuando intentamos transmitir información (ya sean datos, sentimientos o ideas) suele recobrar vida un antiguo dilema: ¿breve y conciso o con todo lujo de detalles?

Por supuesto, no se trata de tomarse al pie de la letra uno de los extremos. Aun así, a la hora de enseñar o crear arte nos encontraremos el dilema una y otra vez. Sin embargo, parece que, a su vez, cada punto de vista necesita al otro. Quizás por eso incluso los libros más largos suelen tener una breve sinopsis (y los artículos de TV Tropes una versión lacónica). Y, a la inversa, el más breve verso o pintada minimalista puede causar páginas y páginas de análisis (no exagero: recuerdo mi estupor hace ya muchos años cuando me mostraron artículos enteros analizando cada aspecto de unas líneas del poeta romano Catulo).

A la hora de escribir, lo cierto es que prefiero hacer largas novelas que me permitan desarrollar el ambiente, la trama y la forma de ser de los personajes. Me siento mucho más cómodo así que haciendo relatos cortos que me obliguen a empezar de cero cada presentación, cada lista de nombres. Sinceramente, si tuviera que pensar de cero cada historia seguramente me volvería loco. Prefiero una novela con sus capítulos; esto me da la oportunidad, cada cierto tiempo, de presentar algún aspecto nuevo aunque relacionado con lo que el público ya habrá leído páginas antes.

Eso no quiere decir, por supuesto, que no haya probado a hacer relatos cortos, y estoy muy satisfecho con algunos resultados. Pero mis historias me requieren mucha planificación, y siempre me ha parecido, por lo que he dicho antes, que el esfuerzo para escribir un nuevo cuento que se va a quedar ahí no compensa en comparación con la creación de un nuevo capítulo para una novela.

Seguramente habréis pensado ya el principal problema de este punto de vista que os estoy explicando. Cuesta más conseguir que te lean si escribes tochos. Por ejemplo, no tendría sentido que mostrase una novela en La Independiente, donde sí he ofrecido algún que otro relato. Aunque he tenido amigos que me han ayudado como lectores de prueba, la verdad es que comprendo que pocos quieran atreverse a leer la segunda novela de una saga (y me da miedo preguntar por la tercera porque ya sé la respuesta…).

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Pero lo que más me desesperó, hasta el punto de comprender que no era lo mío, fue el intentar presentarme a concursos. Un concurso requiere la capacidad de tener ya hecho, o preparar en poco tiempo, algo que se acomode a lo se que pide oficialmente y a lo que se sabe de manera no oficial que gusta; es decir, lo que sabes que gusta en general y lo que puede venir bien para cualquier convocatoria. Me resultó tortuoso el gasto de energía mental que tenía que hacer para crear otra historia desde la nada, encorsetada en un tema determinado, ¡y además con un límite de palabras, poniendo freno al desarrollo que se me iba ocurriendo! Odio eso de que haya un límite para el progreso de una historia y cómo pueda crecer.

Mi mejor relato seguramente no os parecería corto porque son diecisiete páginas; fue el resultado de intentar participar en un concurso y acabar mandándolo a la porra porque me negaba a recortar una historia que me absorbía una mañana tras otra. Su decena y media de páginas me permitió dar a los personajes y a los hechos todos los matices que consideré necesarios.

Mis intentos de ser breve aún me llevaron a otra táctica: los microrrelatos. Tal vez estéis pensando que sería algo menos tortuoso porque requieren menos preparación y trabajo. Lo mismo pensé yo, pero parece que como escritor necesito el trabajo largo porque el resultado distó mucho de ser convincente la mayor parte de las veces. El límite de espacio, que tantas personas ven como una ventaja, para mí es una tortura.

Al final concluí que mi destino era escribir largas novelas, y que las posibles ventajas de conseguir más fácilmente lectores de prueba o reconocimiento en los concursos desaparecían ante la aplastante verdad: odio tener que comprimir un argumento en un espacio determinado.

Por supuesto, eso no quiere decir que reniegue de mis relatos cortos ni que piense en no escribir nuevos. De hecho, estoy seguro de que veréis alguno más en esta revista. Simplemente ocurre que he aprendido a conocerme mejor. Ahora sé que, por mucho que me esté poniendo palos en las ruedas en una época que prefiere lo breve, lo veloz y lo impactante, lo mío es la lenta reflexión, la creación de ambiente y el disfrutar del viaje de escribir. Espero de verdad que algún día otras personas revivan ese viaje al leerme.

Eso sí, de todo se aprende, no sólo de lo bueno. Así que ¿por qué no terminar mostrando los microrrelatos que hice mientras me conocía a mí mismo como escritor? De ahí proviene mi anterior publicación en La Independiente, y por supuesto espero que os guste. Por eso no reniego de mi avanzadilla en un camino que luego rectifiqué. En mi vida he tomado muchas decisiones de las que creo que nada he conseguido salvo perder el dinero, la ilusión y el tiempo. Aun así, puedo decir con orgullo que sí he aprendido algo de todos mis errores escribiendo. Por eso escribir es mi pasión.

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