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ARTÍCULOS Feminismo & LGTBI+

Una isla en el Caribe está de luto2 minutos

Autora: Adriana Gabriel Hernández Mercado
Correctora: Gracia Vega

Hoy el día no tiene sol. Ayer la noche no tenía luna. Las horas de sueño se convirtieron en horas de desvelo y los sentimientos de Puerto Rico entero están rotos como trozos de papel rasgado, triturado… Somos los pedacitos de papel tirados al suelo.

Ayer, fue un día triste y complicado. Nos levantamos con la noticia de que nos faltaba otra mujer, había desaparecido. La población entera estaba pegada a las noticias y muchos no pegaron ojo hasta hoy…

Hoy, el día es triste, pesado. Hoy, el día esta roto porque todes estamos rotos. Como de costumbre, abro la puerta de mi apartamento y miro al suelo para buscar el periódico y… Primera portada: “¡Ni una más!”. Rápidamente me dirijo a mirar las redes sociales y yo también me rompí. Se rompió mi alma, mis ganas; se rompió mi sentido y mis fuerzas.

“Encuentran cuerpo de una mujer embarazada sin vida, su cuerpo estaba atado a bloques de cemento”. “Encuentran el cuerpo sin vida de una mujer parcialmente calcinada”. Vino tras mi mente el inevitable pensamiento… “Les fallamos” “¿Quién será la próxima?” “Esta problemática nunca va a parar”.

El estado de emergencia por violencia de género en la isla, declarado el pasado mes, queda nulo ante este tipo de desgracia, que resulta una amenaza para las mujeres y las personas no binarias femmes del pueblo de Puerto Rico. Una vez más, se pone en jaque el sistema patriarcal y opresor que le ha fallado a cada una de las mujeres muertas a causa de violencia de género. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo cesará la violencia? ¿Hasta cuándo seguiremos enterrándonos? ¿Qué es a lo que ustedes le llaman “justicia”?

Estamos rabioses, nuestros cuerpos en llanto claman justicia y hacemos llamado a manifestación en donde mismo encontraron el cuerpo, el Teodoro Moscoso. Alrededor de tantos aliados, tanta rabia, tanta música guiada al ritmo de las Barrileras… Yo aún sentía un estrujo en el pecho. Solo podía gritar, gritar y gritar. Las lágrimas cargadas de impotencia, rabia, temor y dolor bajaban solas desde mis pupilas hasta mi cuello sin parar. Solo podía agarrar mi pancarta que decía “Ni une más” y gritar para que se proclame justicia. Como leí en alguna red social: “A estas alturas, tienen suerte de que las mujeres todavía quieren igualdad y no venganza”. Aquí estamos y somos la voz de las que ya no están. Proclamamos justicia a sus nombres, hermanas. 

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