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ARTÍCULOS Social y Política

Los fantasmas de la transición2 minutos

Autor: Mohamed Kafir
Correctora: Gracia Vega

En España existen muchas leyes que, parece ser, solo han sido elaboradas para una lectura pasiva. Una de ellas es la Ley de la Memoria histórica. Su incumplimiento es otra manifestación más del poder vigente que el posicionamiento franquista conserva en el Estado.

Uno de esos lugares en los que no se pone en práctica dicha ley es en Ceuta. Ciudad cuyo gobierno no solo le falta el respeto a su legitimidad al situarla como una ley sin importancia ni prioridad. Sino que, además, continúa invadiendo el espacio público con representaciones antidemocráticas, usando como pretexto la devoción militar y/o religiosa. Cuando la intención oculta es la de reforzar la identidad de la Ciudad Autónoma como una huella viva de la hegemonía bélica del país.

De hecho, el orgullo franquista es la prolongación exasperada de la iniciativa católico-imperialista de la Reconquista. Y por ello, dicho direccionamiento político da una noción de nación fundada por unos principios criminales. Además de estar proyectada hacia el desarrollo de una integridad nacional. A su vez, identificada con el momento histórico en el que la Inquisición y los Reyes Católicos representaban un dominio.

Todavía existe un gran interés en vincular la identidad de Ceuta y España a una corriente política nefasta. Usando, para ello, como condicionamiento estético las repetidas muestras del canto de la victoria fascita. Y por tanto, provocando la asimilación inconsciente de esos símbolos como si fuesen elementos orgánicos del entorno.

Por algunas de las calles y plazas ceutíes, aún se glorifica el crimen histórico. Cada homenaje a la dictadura que en esa ciudad sobrevive no solamente es el esfuerzo de la casta política por conservar su soberanía, sino también una vergonzosa laguna de impunidad.

Los bustos, nombres de calles, tributos, placas honoríficas y  conmemoraciones son solamente la descarada punta del iceberg. Lo peor es que este país está estancado crónicamente en un punto trágico de su pasado. Y, precisamente, es ese bloqueo lo que nos obliga a escoger entre la memoria o la justicia.

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