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Opinión impopular o la necesidad de fallar6 minutos

Autora: Violeta Rezola
Correctora: Gracia Vega

«I’ll never get bored of seeing flawed women on the screen.» Phoebe Waller-Bridge

El otro día me encontraba viendo uno de mis canales de YouTube favorito, The take, que analiza las representaciones audiovisuales, personajes y tipologías de la cultura popular, cuando me topé con el siguiente vídeo: “Bridget Jones y la necesidad de fallar”.

El diario de Bridget Jones (2001) es una comedia romántica centrada en la vida de “una treintañera soltera y llena de complejos, cuya vida sentimental es un desastre. Tiene solo dos ambiciones: adelgazar y encontrar el amor verdadero” (argumento sacado de Filmaffinity). Esta sinopsis, bastante sesgada, resume el argumento de esta película, cuya historia original pertenece a un libro publicado en 1996 con el mismo nombre. Libro que rápidamente se convirtió en un bestseller, ganó el British Book Award y se convirtió en una auténtica revolución en los 90. Curiosamente, es una revisión de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, como podemos ver por la evidente referencia a Mr. Darcy y la analogía estructural. 

Sin embargo, en este caso la protagonista es una mujer torpe, con verborrea y con un complejo sobre su peso. Podemos discutir que la cultura mainstream es “baja cultura”. Pero lo que es evidente es que si algo tiene éxito, es porque está retratando una parte importante de la sociedad. A veces, se trata de mirar más allá de las apariencias. 

Bridget Jones es un personaje muy humano, que trata muchas de las presiones a las que nos vemos sometidas las mujeres. Como por ejemplo, ser “bellas”, ser “delgadas”, encontrar el amor, casarse antes de los 30, etc. Estigmas que, afortunadamente, se están revisitando el época actual. ¡Faltaría más! Teniendo en cuenta que han pasado veinte años, pero que aún permanecen enraizados en nuestra sociedad a gran escala y en mayor o menor medida. 

Yo no me voy a andar con remilgos y os voy a afirmar que El diario de Bridget Jones es una de mis películas favoritas. Y es que la veía de niña y me hacía sentir mucho mejor, más comprendida y menos sola. Si una niña de siete o diez años se puede sentir entendida por una película que refleja la realidad de una treintañera, nos demuestra lo pronto que sentimos presión por este tipo de temas. 

“La fealdad es un mecanismo de opresión, y la cultura que consumimos una muestra de ello”.
Luna Miguel, Caliente

La cuestión es, más allá de mi subjetiva identificación con Bridget Jones, que necesitamos personajes con fallos y necesitamos personajes femeninos con fallos que lleguen al mainstream y cuyo target no sea solo el femenino.

Hoy en día se están rompiendo barreras respecto a la representación femenina audiovisual que sitúan a las mujeres en el punto de mira, a veces utilizando un descarado pinkwashing, tanto que parte de la sociedad teme que se estén invisibilizando a los “hombres”.

Yo digo, que no es suficiente. No es suficiente, y hoy solo me centraré en un aspecto muy muy concreto. Hay que ampliar los márgenes de la cultura. No podemos dejar que se capitalice la lucha feminista, antirracista, de masculinidades o LGBTQ. Pero hay que traer a la cultura popular lo que se va consiguiendo. El universal debe ser realmente universal. 

En este caso, yo me quiero centrar en cómo alguna de las representaciones femeninas que vemos de actualidad, no dejan de mostrar una minúscula parte de lo que es nuestra realidad, bastante carente de interseccionalidad por cierto. 

Sé que a veces es una opinión bastante impopular, pero siento que algunas de las representaciones populares actuales como Rey de Star WarsCapitana Marvel o Gambito de dama, a veces se quedan a medias. (A pesar de que son muy positivas en cuanto a que muestran mujeres fuertes, que consiguen todo lo que se proponen). Pues representan a mujeres que, o bien, son extremadamente extraordinarias (por su origen o capacidad innata), son versiones femeninas de héroes o personajes masculinos (manteniendo sus virtudes) o son muy perfectas. Pero que, sin embargo, cuentan únicamente con defectos tradicionalmente masculinos como son la agresividad, soledad, incapacidad de comunicación, soberbia, donjuanismo o tendencia a la adicción de sustancias, entre otros. 

Antes, lo que más veíamos era el síndrome de la pitufina, simplificando, un personaje femenino en un grupo masculino, cuya personalidad era el “ser la chica”. Y aunque esto se sigue haciendo, y mucho, podemos ver por fin a mujeres protagonistas. Sin embargo, muchas veces parece que son seres legendarios. Sin defectos, ni vivencias femeninas, que se comportan igual que hombres, pero son reconocidas por ser excepcionales.  Pasa también en la literatura como en cualquier producto cultural, pero creo que es más evidente en lo audiovisual.

Yo quiero ver mujeres que se equivocan, que son torpes, se sienten feas, que quieren enamorarse o que no. Quiero ver la variedad de personas que conozco en mi día a día, y no ignorar las problemáticas consideradas tradicionalmente femeninas, como si hubieran dejado de existir. 

Y lo peor es que hay series así, hay personajes así. Pero, o bien, se quedan en la periferia de lo consumible o bien son duramente criticadas. Por ejemplo, Sansa en Juego de Tronos se la considera débil. Una traidora y tonta por comportarse como una niña de trece años a la que se ha educado para casarse. (Cosa muy realista y que probablemente se parezca más a la realidad de una niña de esa edad). O al menos yo era así, creía en los reyes magos, en el amor romántico y que hacer deporte era de marimachos. Evidentemente no es una actitud a seguir, pero es necesario que haya referentes que vayan aprendiendo y se deconstruyan a medida que avanza la trama. 

En este sentido me gustaría recomendar algunas series más o menos conocidas. Y que además, creo que son un buen comienzo para mostrar esa necesidad de fallar y de hablar del mundo “femenino”: Sex Education, Orange is the new black, Fleabag, I love dick o Killing Eve.

Quiero dejar claro que no hay nada malo en los rasgos masculinos per se. Sino simplemente que me gustaría ver más sororidad. Más realismo en la muestra de las preocupaciones. Más variedad que sólo ser “la chica”, chica que a menudo es una hiper crítica a lo femenino, o bien, una visión desdibujada de nuestra realidad.

opinión cartel perfectly imperfect

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