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ARTE Nuestros Poemas

A Granada1 minuto

Autor: Albert Espejo


Granada, mi Granada bella,
¿me escuchas?
No.
 
Aquél cegado por tu luz, navaja de hermosura,
no descubre tu secreto
y yerra palpando las paredes de tu laberinto
bajo la mirada severa de la colina.
 
Pequeña,
como un brote recién nacido
de la tierra; mas si azota
el viento a los jazmines
infinitos perfumes estallan
y el planeta se vuelve tierna flor.
 
Hileras de naranjos te coronan,
beben de tu rostro vespertino
para colmarnos de alegría, rocío, aire
cálido como un beso en la frente;
y sin embargo cada día
espiras torrentes de humo,
corros de coches aprietan tu garganta
hasta llenar de negra espuma el cielo;
vuelve a llover gasolina por tus calles encendidas.
 
Busco respuestas, señales
que me muestren tu esencia,
pero te pierdes
como un patrón en un caleidoscopio.
 
Aquí yazgo aletargado
en tu espiral de alquitrán,
ebrio de tus vapores,
donde belleza y locura se encuentran;
 
donde el arte es una segunda piel
y se nos amordaza y despelleja;
 
donde la inteligencia brilla
solo para iluminar su huida
a allí donde se le premie;
 
donde nuestra majestuosa historia,
imprenta en mágicas estampas,
se vende o se alza
como falsa bandera en inútil batalla;
 
donde la juventud es un puño erguido,
colmado de ganas de vivir,
mendigando por un trabajo digno
sin engañar al prójimo;
 
donde se ahoga a las nuevas semillas
incansables en su afán de reverdecer;
 
donde la tolerancia se cita
con la odiosa brutalidad.
 
Nada escuchas, mi Granada:
te hablo y siento
que arrojo cerillas al mar.
Nada dices, ni puedes decir.
Se funden silencio y secreto.
 
En tus brazos dejo
esta ronca elegía
mientras me preparo
para sobrevivir de nuevo a este vórtice inhumano.

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