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24/7

Autora: Luisa Vázquez
Corrector: M.E.F.P.

El aroma a café por la mañana que sube tentado hasta las habitaciones para impregnar la mañana de lunes. Suena el despertador, 5:50 am. Así que me levanto y siento la frialdad de mi habitación en aquella fría mañana de marzo. Camisa a cuadros, jeans y botas de construcción, el uniforme de un arquitecto que pasa las horas y los días entre escombros y varillas. Veinticinco años (hacia dos que me hacía llamar «arquitecto») con la misma duda de siempre en un país en donde el arquitecto es considerado un «lujo» y no una necesidad. ¿Cómo convencer a los demás que necesitan de un arquitecto?


Preparo el desayuno en aquella cocina pequeña en donde nos es difícil movernos cuando somos más de tres dentro de ella. Salgo de la casa, veo el pequeño porche que mi madre ha adornado de flores y sonrío. Luego recuerdo que tuve que estacionar mi auto al otro lado de la cuadra a falta de estacionamiento y la sonrisa me queda a medias. Entonces echo a andar el motor de mi auto y emprendo mi viaje al trabajo.

6:00 pm, la jornada termina; mis botas sucias de tanto caminar entre concreto y tierra. Llego a casa y cuelgo mi abrigo en el perchero del closet de la entrada. Observo a mi padre en la cocina, como siempre a esa hora, y puedo sentir el calor humano hasta en las orejas. Mi madre siempre dice que esa casa conserva muy bien el calor. Mentira, la calefacción no para en todo el día y solo hay tres ventanas en total en toda la casa. Más bien se llama falta de ventilación.

Y es que en una ciudad como esa, en donde el clima es extremoso, la ventilación y aislamiento de los materiales en la construcción son claves para que el recibo de gas no se dispare en invierno y mi madre no se altere cada vez que llega… Sin mencionar el recibo de luz en verano después de mantener el aire acondicionado prendido 24/7.


Y es que la arquitectura va de eso, no solo se diseña y se construye; se vive. El arquitecto no solo se dedica a hacer casas lindas que aparecerán en revistas de bienes raíces; el arquitecto diseña patrimonios, solidifica el sueño de una familia junto con sus ahorros de toda una vida, para luego convertirlo en lo que probablemente será parte de al menos dos o tres generaciones.

Así, nombran los espacios, se delimitan; se le da un techo a la cotidianidad familiar, a la tradición de ver como los abuelos se sientan en el mismo lugar todas las mañanas a tomar el desayuno al pie de la ventana que da al patio central lleno de gardenias. O el ver a mi padre renegar por la escalera hasta llegar a su habitación sobre cómo el vecino usó su cajón de estacionamiento. La arquitectura no solo la forma el arquitecto, la forman las personas que viven en ella, la forma el día a día.


Ser arquitecto es ser lo suficientemente capaz de saber todas las técnicas que harán que tu edificio se mantenga de pie, sea funcional y que además de lugar a una poética espacial. Lograr un equilibrio entre el arte de vivir y el arte de crear, respetando el sentido de cotidianidad de cada persona y de toda la gente. 8:00 pm en la estancia de mi casa, finjo estar viendo la serie de televisión cuando en realidad sigo pensando ¿cómo convencerlos de que necesitan un arquitecto?

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