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Zonabiciclaje

Autor: Julián

Corrector: M. E. F. P.

Un equipo de voluntarios creó un programa para recolectar bicicletas o partes de ellas que se encuentren en desuso, recuperarlas y, posteriormente, entregarlas a personas que puedan usarlas como medio de transporte seguro y cotidiano, logrando así un cambio de parecer con respecto al uso de la bicicleta e impulsando nuevas iniciativas en un contexto tan polivalente como en el que vivimos.

Desde La Independiente tuvimos la posibilidad de charlar con Juan Pablo y su hermano Carlos, los hermanos Bejarano, quienes vienen trabajando en distintos proyectos en relación a la bicicleta y temas de movilidad. La iniciativa de este par de personajes, en palabras de uno de ellos, es la siguiente:

Carlos: Antes de que comencemos con tanta preguntadera, y que hagamos las preguntas cliché, yo te voy a contar quiénes somos y qué queremos: queremos cambiar el mundo. Y no lo tomes tan literal, pero sí que pretendemos hacer algo para mejorar la forma en que vivimos. Yo no sé a ti, pero a nosotros no nos gusta del todo la forma en que las personas son obligadas a vivir, a convivir y, sobre todo, a sobrevivir. En Colombia, a pesar de todo lo bueno que tiene, la mayoría de su gente vive en la pobreza, la política es una mierda, el futuro es desalentador y crear proyectos es difícil, pero no imposible. Sabemos que son muchos los problemas y pocas las soluciones. Por eso, desde hace tiempo vimos la bici como un método de cambio. Si vives en Bogotá, la capital de nuestro querido país, y has utilizado sus transportes públicos, sabrás la odisea que es: una experiencia casi traumática.

JuanPa: Por mi parte te puedo decir, de entrada, que para mí pedalear siempre ha sido un ejercicio de meditación, donde encuentro espacios para reflexionar y pensar mientras atravieso la ciudad. Entonces, un día dije: «¿por qué no cambiar la forma en que entendemos y participamos en la ciudad y con la comunidad desde la bicicleta?». Siempre he pensado que ayudar a los demás hace parte de la naturaleza humana y animal, que nuestra visión del espacio social es una oportunidad para generar empatía. El espacio social sobrepasa las esferas de lo público y lo privado, y permite mostrar comportamientos prosociales que rompen la visión de una sociedad dividida e indiferente. Lo anterior es salirse del esquema, es una reacción que nos invita a pensar y actuar progresivamente hacia una sociedad solidaria. Tal vez esto que propongo no sea del todo claro por ahora, o parezca una utopía, pero sí creo fielmente en que, en el momento en que nos preocupamos por los demás, entendemos que ayudar a alguien es ayudarnos a nosotros mismos.  

Julián (entrevistador): Después de esa introducción tan improvisada pero tan sincera, me gustaría preguntarles qué hacen ustedes con las bicicletas y qué experiencias han tenido con respecto a sus iniciativas.

J.P.: Llevamos ya más de 8 años trabajando con el tema de la movilidad y la bicicleta, y nuestra idea desde el principio sigue siendo la misma: recolectar bicicletas en desuso, sus partes, y sus componentes, arreglarlas y entregárselas a las personas que las necesiten para darles un uso práctico. Eso sonó más anticuado… (risas). En últimas, se trata de ayudar al menos favorecido y mostrarle que, por medio de la bici, se pueden hacer grandes cosas. 

C.: Empezamos a desarrollar proyectos con una iniciativa que se llamaba Fundación Tortuga; ese fue nuestro pilar. La propuesta, además de arreglar y recolectar bicis, pretendía llevarle a la gente un aula digital itinerante por medio de la bicicleta. Nos inventamos la manera de adaptar y modificar una bicicleta para llevar clases a las calles y los parques de la ciudad. Incluso se montó un aula donde dábamos clase y acercábamos a la gente —y, sobre todo, a los niños— a recursos digitales como Internet y a dispositivos tecnológicos que facilitaran tanto la formación como la construcción de valores de paz.

 J.P.: Un ejemplo que yo siempre utilizo para referirme a la manera en que nos comportamos en la ciudad es el que se encuentra en la fábula de la liebre y la tortuga. En ella, la liebre puede entenderse como un carro y la tortuga como una bicicleta. La determinación y la constancia de la tortuga, al igual que la bicicleta, superan las habilidades que se adquieren con ser veloz. Es entonces cuando entendemos que podemos ser una alternativa a los problemas de movilidad y a la interacción de espacios. Como ya dijo mi hermano, la experiencia de poder acercarse a distintas comunidades es lo más enriquecedor. Y es gracias a esto que nace el programa #ZonaBiciclaje

 J.: ¿Qué es ZonaBiciclaje, y qué se pretende con esta propuesta?

J.P.: Bueno, ZonaBiciclaje es un programa de recolección de bicicletas y sus partes, las cuales nosotros mismos arreglamos, modificamos y dejamos listas para entregarlas a personas que pueden usarlas como un medio de transporte seguro y cotidiano. Somos un grupo de voluntarios que promueve usar la bicicleta como herramienta de cambio social, cultural y ambiental. 

C.: El programa cuenta con cuatro etapas. La primera de ellas es la recolección: esta se realiza puerta a puerta, en centros de acopio y de manera personal. La segunda etapa es la recuperación: en ella, cada miembro del equipo (voluntarios) se encarga de recolectar las bicis o las partes de estas para repararlas si hace falta, organizarlas y dejarlas en perfecto estado. La tercera etapa del proyecto es la entrega: esta se realiza a personas que realmente necesiten un medio de transporte alternativo, como trabajadores, estudiantes o personas de las zonas rurales. Por último, está la etapa más importante el seguimiento: corroboramos con la población beneficiada que se le esté dando un buen uso a la bicicleta y que los objetivos que nos proponemos se estén cumpliendo.

J.: ¿Cómo se genera una cultura frente a la bicicleta y su correcto uso en una sociedad tan complicada como la colombiana, y más en una ciudad como Bogotá?

J.P.: No es una tarea nada fácil; llegarle a la gente es muy jodido, y más cuando se trata de un tema como la bicicleta. Sin embargo, en la actualidad, los diferentes problemas a los que se enfrentan las ciudades grandes, tanto en su estructura como en su movilidad, permiten que las personas amplíen sus perspectivas y estén dispuestas a cambiar sus costumbres y lo que conocemos como tradicional. No es falso que a mayor demanda, más ventajas. Me explico: no es que me refiera a que la gente compre más bicis o invierta más en este gremio; lo que quiero decir es que, si la población de un lugar usa la bici con más frecuencia, esto genera que las políticas cambien a favor del ciclista y que la inversión, tanto pública como privada, sea mayor, tanto en la infraestructura de la ciudad como en la cultura frente a estos temas.

C.: Como dato curioso a lo que dice mi hermano, Bogotá es la ciudad con más infraestructura ciclista en toda Latinoamérica, y cada día el número de usuarios aumenta. Lo que indica que, a pesar de que no lo parezca, los gobiernos están invirtiendo y nos están teniendo en cuenta.

J.: ¿Por qué hacerse partícipe de un proyecto como este?

C.: En primer lugar, porque podemos ayudar a personas necesitadas con aquello que ya no usamos; recuperamos bicicletas, que para otros son posiblemente chatarra, y evitamos que se generen más basura y más desechos contaminantes. Muchas personas se olvidan de que la bicicleta es un medio de transporte autónomo y ambiental, que genera hábitos saludables, y que es la oportunidad perfecta para que lo que nos sobra o nos estorba pase a otras manos que sí lo necesitan y que seguramente no cuentan con los recursos necesarios.

J.P.: Yo creo que una de las mayores motivaciones para formar parte de un proyecto como este es el poder cambiar la vida de las personas beneficiadas. A esta altura hemos entregado más de 1.000 bicicletas. Cuando empezamos nos dijeron que estábamos locos por querer regalar bicicletas, y no contábamos con muchas herramientas, pero las ganas nos sobraban; entonces, ¿por qué no hacerlo? Nos demoramos un mes y medio arreglando nuestra primera bicicleta y se la entregamos a un joven que no tenía cómo ir al colegio y que su familia había llegado a la ciudad como consecuencia del conflicto armado del país. Luego, le regalamos otra a un señor que vendía tortas en la calle, y gracias a la bici él ha podido movilizarse y mejorar su negocio. El año pasado los niños de un comedor comunitario nos escribieron cartas pidiéndonos bicicletas y logramos entregarles 20 en Navidad. Si todas estas experiencias que te cuento no apasionan a alguien para construir espacios sociales a través de nuevas alternativas y fomentar la participación y la educación, no sé qué logrará hacerlo. La verdad es que ayudar y pedalear nos ha ido mostrando el camino para encontrar un propósito en la vida y un equilibrio entre lo que amamos, lo que somos, lo que necesita el mundo y, lo más importante, qué podemos hacer para que alguien sea feliz.

J.: ¿Cómo se puede ayudar o colaborar con ustedes?

C.: En lo macro nos pueden ayudar con patrocinios. Pero desde lo micro pueden ayudarnos contactando con nosotros y entregándonos las bicicletas que no usen o donándonos pintura, herramientas e incluso tiempo para armar las bicicletas. Toda colaboración es pertinente y no está de más. Algo que sí debe quedar muy claro es que trabajamos sin ánimo de lucro y dentro de nuestros planes no está lucrarnos con esto. Es más, muchas veces tenemos que sacar de nuestro bolsillo y poner de nuestros recursos para que el proyecto salga a flote, pero eso no importa; creemos que algún tipo de recompensa se verá en el futuro, pues, con unas gracias de corazón y con el hecho de saber que estamos ayudando a alguien, nos damos por bien servidos.      

J.P.: También pueden contactarnos directamente en nuestras redes sociales, como en el Instagram @zonabiciclaje, o al correo: biciclaje.col@gmail.com.

J.: ¿Cuáles son los proyectos en los que han participado y cómo ha sido la gestión?

J.P.: A la fecha hemos podido realizar la entrega de más de 1.000 bicicletas en la ciudad de Bogotá y en municipios de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Vichada, la Guajira y Nariño.

En los dos últimos años hemos realizado dos entregas muy bonitas. La primera de ellas fue en Cumaribo, Vichada, contando con el apoyo de la FAC (Fuerza Aérea Colombiana) y ETB (Empresas de Telecomunicaciones de Bogotá); eso fue en diciembre de 2019. Esta experiencia fue súper enriquecedora y de mucho aprendizaje. Se trabajó en conjunto con las Fuerzas Aéreas de Colombia, ya que ellos cuentan con un vuelo de apoyo donde llevan insumos y recursos a comunidades en riesgo. Lo que nosotros hicimos fue gestionar los contactos para poder transportar las bicicletas; en últimas todos ganamos. La otra entrega fue el Espino Boyacá, en enero de 2020, también con el apoyo de ETB y transporte Alcaldía Municipal. 

C.:  La experiencia en el vuelo y la entrega en Vichada fueron de locos. En primera medida los aviones son viejísimos; entonces, cuando te subes, sientes un escalofrío terrible. El viaje es escalofriante, el ruido es aturdidor, los cambios de temperatura son súper drásticos y la velocidad del vuelo se siente muchísimo en comparación con un vuelo comercial normal. Sin embargo, es de rescatar que los soldados y la fuerza aérea realicen esta gestión; realmente las comunidades necesitan estas ayudas. El acceso a esta zona del país es muy complicado: es selva espesa, no cuentas con carreteras y la única forma de llegar es en avión o por medio del río Pumarejo. 

Este tipo de experiencias me ha permitido entender un poco más la realidad del país donde vivimos, y me hace darme cuenta de la otra Colombia y de que en la ciudad uno vive en una burbuja: una especie de cuento de fantasía donde todos andan en carrozas y viven en castillos mientras que allí en los pueblos y en las zonas más difíciles se vive entre tierra y pobreza. A nosotros se nos olvida que en muchas zonas de la otra Colombia, y seguramente del mundo, se vive en unas condiciones paupérrimas, sin servicios públicos y sin comodidades como las que tú o yo tenemos diariamente.

J.: ¿Quiénes conforman el equipo de trabajo?

J.P.: El equipo de trabajo está conformado por: 

    Aleja (Luz Alejandra Marin): Profesional en Mercadeo y Publicidad; especialista en Gerencia del Mercadeo, Miembro del Colectivo desde 2014. Se ha encargado de la coordinación de iniciativas como «Dale Pedal a Venezuela» en conjunto con el IDPAC (Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal), el OEI (Organismos de Estados Americanos) y la Embajada de Australia.

    Juan Pablo Bejarano Pérez: Politólogo y Cofundador del Colectivo (2012). Diseñador y Coordinación de iniciativas como: «Dale Pedal a Venezuela», 2019 (IDPAC, OEI, Embajada de Australia); «BiciNet por la Paz», 2015; y «Escuela de formación Líderes de la Bicicleta», 2014, de la beca «Ciudadanías Juveniles Locales» de la SCRD.          

  Lalo (Carlos Eduardo Bejarano Pérez): Diseñador Industrial y diseñador y miembro fundador del Colectivo (2012). Participación y desarrollo de iniciativas tales como: «BiciNet por la Paz» (2015); «Escuela de formación Líderes de la Bicicleta» (2014), de la «beca Ciudadanías Juveniles Locales» de la SCRD; «Familias en Bici por la Paz» (2015) Secretaria de Integración Social —Asociación Manos Amigas—; y Feria de Jóvenes Empresarios CCB, Bogotá (2013).

    Mike (Michel Stiven Briceño Palacios): Técnico Dental, miembro del Colectivo desde 2014. Participación en proyectos como: «Red Bogotá Líder» (2019); Ponente y tallerista en «Encuentro Internacional de Ciudades Educadoras» (2019), León, México; «Foro Mundial de la Bicicleta» (2017), Ciudad de México; entregas de bicicletas donadas en Cundinamarca y Boyacá; «Foro Nacional de la Bicicleta» (2016), Ibagué; y ejecución de la iniciativa «Bicinet por la Paz» (2015). 

   Majo (María José Rodríguez González): Politóloga y docente. Ponente en el congreso de ciencia política y relaciones internacionales de FLACSO en Quito, Ecuador (11 y 12 de mayo 2017). Ponente en el I congreso de ciencia política, por la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política en Quito, Ecuador (19y 20 de septiembre de 2016). 

    Alejo (Alejandro Cabuya): quien nos apoya con temas logísticos y de gestión para la recolección y recuperación de bicicletas. 

J.: Desde la Independiente queremos agradecerles por contarnos sus experiencias y por compartir con nosotros este proyecto. Sabemos que quedan muchas preguntas por hacer, mil experiencias por contar y que, seguramente, volveremos a hablar. La idea es darles visibilidad a proyectos como estos, dar a conocer cómo se está trabajando en diferentes lugares del mundo por una mejor sociedad y mostrar cómo se generan cambios reales.    

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