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Política SOCIEDAD

Sobre «Perfil bajo» de Guillermo Zapata

Autor: Griseo

Correctora: Gracia Vega

Miro el móvil. Menciones. Mirad a este. Menciones de tuits antiguos, chistes entrecomillados: «Mirad, mirad aquí, mirad a este. Antisemita. Cruel. Violento. Proetarra.». Dolor de tripa. Obsesión. Corte de relación con la realidad. Imposibilidad de comer. Mi novia pregunta. No sé cómo explicar lo que está pasando. Reconstrucción mental de los acontecimientos. 2011. Nacho Vigalondo tiene problemas por un tuit. Es un chiste. «Mira, mirad aquí: cruel, violento, negacionista, famoso sin escrúpulos». Escribimos en solidaridad. Nadie nos lee. No impacta.
Perfil bajo, Guillermo Zapata.

Perfil bajo: Libertad de expresión, ansiedad tecnológica y crisis política de Guillermo Zapata es un libro de no ficción que se divide en tres partes: la primera se centra más en los sucesos de las 48 horas antes de su dimisión, y las dos restantes tratan principalmente sobre la libertad de expresión y las redes sociales (por ejemplo, hay un capítulo dedicado al movimiento feminista en redes sociales y otro dedicado a Facebook y a la difusión de bulos y noticias falsas).

La historia de la dimisión en 48 horas de Zapata, para quien no se acuerde, es la siguiente: en el 2011, Twitter había pasado de tener usuarios, que en su mayoría eran programadores, informáticos y blogueros, a tener un público más mayoritario como son algunos políticos, famosos, personas seguidoras de programas de televisión, radio o de equipos de fútbol, futbolistas, periodistas…

Una de las primeras polémicas la protagonizó Nacho Vigalondo, del cual me niego a reproducir exactamente su tuit (ya parece el tuit maldito), pero era algo así como «ahora estoy tan borracho que podría hasta ser un negacionista del holocausto». Por entonces este que hoy escribe llevaba unos años en dicha red social, y vi en vivo y en directo cómo en pocos días Nacho Vigalondo perdía su blog en el diario El País tras haber sido una y otra y otra y otra vez cuestionado por su tuit. Esta está entre las primeras historias del cansado y superrecurrente tema en Twitter de los límites del humor. Hubo varias personas del entorno de Vigalondo que salieron en su defensa, y una de ellas fue Guillermo Zapata (que, por entonces, tenía pocos seguidores). Este puso una ristra de tuits y de chistes entrecomillados, de los cuales muchos se escuchaban ya desde hacía años; el objetivo era mostrar que estas cosas las llevamos escuchando desde hace mucho tiempo. Por entonces no existían los hilos en Twitter, con lo que actualmente cada tuit suyo es independiente del siguiente.

En 2015, Ahora Madrid pudo gobernar el Ayuntamiento de Madrid; Zapata sería responsable del área de cultura, pero a las pocas horas salieron sus tuits entrecomillados de 4 años atrás, lo que le generó una carga tan pesada que tuvo que dimitir a las 48 horas. Posteriormente, tuvo que enfrentarse a sus tuits en un juicio del que fue absuelto. Como bien indica Zapata, otros no han tenido esa suerte, y la audiencia nacional está llena de tuiteros y raperos que se enfrentan a penas de prisión porque dijeron o cantaron tal u otra cosa; por ejemplo, Valtonyc tuvo que exiliarse en Bélgica porque fue condenado a 3 años y medio de prisión por las letras de sus canciones de rap.

Portada del libro Perfil bajo de Guillermo Zapata

Llevo unas semanas bastante despegado de Twitter, hasta el punto de dejarlo de lado durante un largo tiempo indeterminado, y este libro es ideal si te encuentras en esta situación, ya que trata de Twitter en sí. ¿Qué habríais hecho si a un familiar o a alguien cercano le hubieran destapado unos tuits con chistes incómodos? ¿Le habríais escuchado a él disculparse una y otra vez, o a la gente que no le escucha (ni quiere escucharle) y que comparte su mensaje insultándole? Por el 2011 estos eran casos más o menos aislados, y lo normal era que no llegasen a suceder con famosos; normalmente ni siquiera llegaban a ser Trending Topic (tema del momento). Hoy día, ver un tuit supercompartido lleno de insultos es lo normal.

En mis últimos días de Twitter llegué a ver un Trending Topic en España por un tuit de un chaval de Guatemala que no tendría más de 15 años y tenía menos de 100 seguidores. Pensad: ¿qué pasaría si se filtrase todo lo que decíamos con 15 años en el patio del colegio? ¿De verdad somos tan dignos como para vestirnos de justicieros sociales y machacar a un chaval de 15 años que vive a tantísimos kilómetros y tiene tan pocos seguidores que no debería importar a nadie? Por no hablar de que la historia de España con Centroamérica y Sudamérica no es precisamente agradable.

Pero realmente lo que sucede no es tanto eso de vernos como justicieros sociales, ni tampoco si el tema recurrente sobre si el humor debe o no dirigirse hacia arriba o hacia abajo, sino, más bien, lo que Zapata desarrolla en sus dos partes posteriores: que somos parte de una sociedad que está crispada y que usa la tecnología como salida.

En las redes sociales tú eres libre de agregar a quien quieras y tú eres libre de contar lo que quieras, y crees que eres tú, pero en realidad no. En realidad, como en tantas facetas y roles de nuestra vida, en Twitter y en Facebook muestras un doble, y ese doble no tiene por qué ser tú, sino lo que los demás piensan que tú eres cuando leen tus mensajes (y no todos han leído todos tus mensajes).

El contexto influye: si una persona solo conoce un tuit tuyo que ha sido retuiteado, puede hacerse una idea de ti diferente a la de la persona que lo leyó en el contexto en el que lo escribiste. El entorno, donde tenemos montones de problemas sociales en los que nada es tuyo, también influye (no sabes dónde vivirás dentro de unos meses a causa de los alquileres abusivos, no sabes dónde trabajarás después de tu trabajo actual y tampoco se sabe hasta qué punto está garantizada tu sanidad pública y la de los tuyos…). Es decir, el consenso social está roto y todo está en cuestión. Debo añadir también que, cuando ves un mensaje supuestamente polémico en Twitter del que todos hablan, te sientes como impulsado tú también a escribir tu opinión sobre ello. Por no hablar de cierto auge de la extrema derecha, cuya función es destruir cualquier indicio de buen clima social. Todo esto, más la ausencia de lo que Zapata llama la falta de un freno de mano que hiciera que los demás se paren y digan «gente, parad, que esto no es para tanto», causa que sea cada vez más complicado escribir algo en Twitter o Facebook sin la sensación de estar esquivando charcos.

Cómic de Sarah Andersen sobre los hilos de comentarios en Internet

La realidad es que uno de los chistes entrecomillados de Guillermo Zapata, al que más bombo se le dio en los medios y que trataba sobre los judíos en los campos de concentración, fue creado por los propios judíos en los campos de concentración nazis (por supuesto, en la primera parte del libro hay un párrafo dedicado a ello y a cómo Zapata lo averiguó leyéndolo en un libro sobre chistes de guerra). Así, los propios judíos en los campos de concentración usaban el humor negro como técnica de escape o mero desahogo, pero el pasar de los años ha hecho que estos chistes sean  vistos hoy día como opresión o reflexión macabra. Una cosa parecida sucede con personajes como el comesandías (Watermelon Man), que en el pasado se usaba como término peyorativo contra los negros (indicando con ese tópico que son vagos, bobalicones, maleducados, sonrientes y viva la vida) y se podía ver en canciones y películas. Además, hoy en día tenemos personajes como Goofy heredados de ese prejuicio (si queréis ampliar el tema y no quedaros sólo con lo que dice el vídeo del enlace, os recomiendo en este completísimo texto): un perro de piel oscura, bobalicón, vago, maleducado, sonriente y viva la vida al que más de una vez se le ha visto comer sandías; además, Goofy viene de goof, que significa bobo, aunque en la actualidad ha sido liberado de su significado antiguo.

Goofy comiendo sandía

La corrección política funciona así. El hecho de cómo las citas fuera de contexto o los chistes y costumbres han cambiado con respecto al paso del tiempo —y sobre por qué esto ni es bueno ni malo, sino simplemente es una muestra más de que no existe eso que llaman lo que se ha hecho siempre o lo de toda la vida— requeriría un interesante texto, enorme, para analizarlo correctamente, lo que no es el objetivo de este mero análisis de un libro.

No obstante, me gustaría dedicar mis últimos párrafos de este texto a ello, para que quien lea este libro se anime a reflexionar, antes de leerlo, sobre que no hay nada más ilusorio que etiquetar algo como lo que se ha hecho siempre, porque creo que es importante desmontar esa óptica conservadora y ver esta situación de Twitter desde una cierta distancia, y no tanto desde la valoración sobre si el mundo que nos rodea es bueno o malo. Algunos ejemplos: en la antigua Roma, la homosexualidad no era un tabú, aunque lo fue algo más que en la antigua Grecia; incluso en la Edad Media existió la homosexualidad (en el siglo XI hubo un auge de la poesía homoerótica hispanoárabe en el Califato de Córdoba); incluso a finales de la Edad Media, en el siglo XV, el feminismo resurgía en personajes como Christine de Pizan, la cual inició la llamada querella de las mujeres cuyas voces importantes en España fueron Teresa de Cartagena e Isabel de Villena (el feminismo no es una moda, ni revolución, es algo que estaba pasando desde hace mucho y va avanzando muy poco a poco, y que los machistas ridiculizaban por aquel entonces exactamente igual que ahora).

Hay que admitir que el cambio entre los años 90 y la actualidad se nota muchísimo, pero hay que tener en cuenta que han pasado 30 años. Sin embargo, entre los años 60 y los 90 también se puede apreciar un buen salto. Digamos que, en cierta forma, la difusión masiva de cultura audiovisual ha hecho que más personas hayan podido acceder a diferentes entornos, vivencias y opiniones, ya que en siglos anteriores había periódicos y revistas, pero no todo el mundo sabía leer; de hecho no era lo normal. Primero, esta difusión masiva vino a través de la radio y el cine, después por la televisión y más tarde con la llegada de Internet y los blogs; hoy día, estamos en la época de Netflix, YouTube, Twitter, los TikToks y las stories de Instagram. El problema de un colectivo es que las cosas nos llegan muchísimo más rápida y fácilmente que hace siglos, mientras que tiempo atrás era muy difícil saber las verdaderas razones de los sucesos; por ejemplo, el porqué de una revuelta de afroamericanos.


Notas:

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