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La intimidad desdoblada

Autor: Juliana Valentina Delgado Cañizarez
Corregido por Laura De Buen Visús

Encuentro el perder como nueva forma de hallazgo fascinante. Cuando pierdes las llaves de casa, una importante cita de trabajo, los lentes de sol o un viejo amigo, surge una necesidad absorbente por encontrar; aunque cabe mencionar que para perder es necesario en un principio tener, ligado a encontrar. Pero encontrar no tiene que limitarse a haber perdido.

La mayor parte del tiempo encontramos lo que nos excede, y el ritual de buscar hace de las suyas para emanar una atmósfera completa que irradia cautivantes pérdidas imaginarias. Al perder en el espacio, independientemente de que la cosa ya no esté, se mantiene una constante intervención y, de esta forma, se conserva su característica de ocupar; lo perdido sigue llenando: no se ve pero está ahí.

Bien es sabido que no existe realidad sin espacialidad, sin esa dimensión un tanto imaginaria que nos incumbe; y entonces perder cambia su función y trasciende a la invisibilidad.

Nos vemos por lo tanto inmersos en esta nueva etapa, ese cambio a lo desconocido: confinamiento. Es evidente que nadie lo veía venir, y planes previamente establecidos se vieron ahogados en profundos mares inesperados, pérdida tras pérdida; y así, tomar el sol se volvió una tarea ligeramente ardua, el retener una piel ajena se redujo a un acto ilícito y el conocimiento propio empezó a cobrar más sentido.

Tiempo de reflexión, cuestionamiento y, ¿por qué no?, también libertad. Todo en el funcionamiento de un mismo yo, ese al que creo conocer por completo; ese que se limita a perseguirme, adentrarse en pesadillas y recordar escenas reprimidas; el que alienta y motiva; ese que permanece en un minúsculo rincón; ese mismo, el que me responde; ese que acompaña, siente y crea; ese que en un instante logra fugarse. Tanto así que en un punto, sin querer, lo perdí; cuesta encontrarlo. Y, de esta suerte, el vivir se vio afectado por un punto drástico de desentendimiento, en donde mi yo mismo ya no me pertenece.

Ahora ese vive por sí solo, emerge detrás del cristal; del vidrio que se encarga de separar mi ensimismamiento de lo que no me auxilia. Ocupa su propia espacialidad, me ve desde el afuera prohibido. A ese mismo que me puede matar, entre tanto, desde este pequeño rincón que pasamos a intercambiar, rebosante de ganas lo envidio.

0 respuestas a «La intimidad desdoblada»

Una gran reflexión!! La libertad tiene muchas maneras de interpretación y claramente nos damos cuenta de lo importante que es sentirse libre y explotarse a sí mismo , para finalmente lograr la adecuada expresión.

Un artículo bastante trascendental e impactante anímicamente, es agradable apreciar una perspectiva más artística de estos sucesos que permitirán una renovación en nuestro formato que llamamos vida

Interesante reflexión, muy profunda, hace pensar lo sublime y trascendental que pueden ser los detalles en una situación como la actual , la fragilidad de las emociones reflejadas a través de una visión poética invitan a valorar y apreciar lo básico de la vida.

No hay nada más intimo que la vivencia propia. Es una reflixion llena de detalles, poetica y con el corazón en la mano. Excelente Juliana.

Paradójico es también que en el reflejo de la ventana, ese “yo” intangible, sea el libre, mientras el real se mantiene adentro. Gracias por tu salud palabras.

Excelente fotografía.
El artículo en este momento con la situación que vivimos nos deja una reflexión «Nadie sabe lo que vendrá después. Quizás sea útil emplear estos días de confinamiento para imaginar otros mundos lejos de esta realidad distopíca».

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